Al fin, la mejor manera de viajar es sentir. Sentirlo todo de todas las maneras. Sentirlo todo excesivamente, porque todas las cosas son, en verdad, excesivas.
Hay palabras que se parecen más al silencio que a las palabras no porque se las diga en voz baja, se las coloque debajo de la niebla o se las dibuje a la sombra presuntuosa de la muerte.
Esas palabras cavan túneles inesperados en el monótono discurso del hombre, desdeñan los oropeles de la fábula que envuelve a las figuras del cortejo y están siempre dispuestas a escaparse de los textos trucados que montamos .............. Pero esas palabras no están solas y cada una busca entonces su pareja y reabsorbe la sustancia extraviada, el elemento no catalogado que la torna más silencio que palabra, silencio sin silencio