-Dijiste que el mundo era malo y que no podíamos huir de su maldad y tenías razón, pero creías que podríamos luchar contra ella. No, debemos negociar con la maldad, pactar con ella. La maldad ha negociado contigo y ha impuesto sus condiciones.
-Se puede luchar pero de que sirve. Adiós.
-¿Quieres decir que es imposible ganar?
-Sí, es imposible. Saluda a la línea del horizonte.
-Viviré en el pasado, en el presente y en el porvenir -repitió Scrooge, saltando de la cama-. Los Espíritus de los tres no se apartarán de mí. ¡Oh, Jacob Marley! ¡Benditos sean el cielo y la fiesta de Navidad: ¡Lo digo de rodillas, Jacob, de rodillas!
Se encontraba tan animado y tan encendido por buenas intenciones, que su voz desfallecida apenas respondía al llamamiento de su espíritu. Había sollozado con violencia en su lucha con el Espíritu y su cara estaba mojada de lágrimas.
...
-¡No sé lo que hago!-exclamó Scrooge riendo y llorando a la vez y haciendo de sí mismo con sus medias una copia perfecta de Laocoonte-. Estoy ligero como una pluma, dichoso como un ángel, alegre como un escolar, aturdido como un borracho. ¡Felices Pascuas a todos! ¡Felíz Año Nuevo a todo el mundo! ¡Hurra! ¡Viva!
¿Cuándo contemplé por vez postrera
los redondos ojos verdes y los largos cuerpos ondulantes
de los oscuros leopardos de la luna?
Todas las locas brujas, esas las más nobles damas,
con todas las escobas y sus lágrimas,
sus airadas lágrimas, se han ido.
¡El invierno se las lleva hoy!
y la oscuridad asesina acabará temprano
con los largos días del mal.